Nuestra Iglesia envejece, su apostolado parece haberse vuelto esteril, decrece la participación en los Sacramentos, nuestros jóvenes viven ajenos a la fe y nuestros mayores cada vez se abandonan más... ¿Qué está pasando? ¿Acaso no sigue insistiendo en que volvamos a echar las redes? o ¿el Espíritu santo ha dejado de alentar?¡No! El problema radica en que la familia -y más en concreto los padres- han abandonado la practica religiosa. El despertar religioso acontece en el seno del hogar en la más tierna infancia. Y los niños pequeños aprenden por imitación antes que por lección. Si a Dios se le cierran las puertas de la casa ¿cómo podrá llegar al corazón del niño? Obvio que para Dios nada hay imposible y que su gracia puede tocarnos de mil modos y diversos momentos; pero si se endurece el corazón todo se complica.
Urge hacer cobrar conciencia a los padres que bautizan a sus hijos del deber de transmitir la fe, ¡con la vida antes que con la palabra! Ofreciendo ejemplo de oración, de vida cristiana, de amor a Dios.
Aún recuerdo cuando siendo yo pequeño, antes de dormir había que rezar, al levantarse dar los buenos días a Dios, al sentarse a la mesa bendecir los alimentos, a las doce el Angelus, al caer la tarde el ropsario... ¡Dios era uno más en casa! Ni un domingo sin Misa. Y luego, cada més traía sus momentos de cargados de espiritualidad.
Uno de mis recuerdos más vivos era cuando, al llegar el més de Junio, hacíamos -arrodillados todos juntos-, ante una imagen del Corazón de Jesús la oración de consagración de la familia. ¡Como impresionaba a mi mirada infantil -despues de arrastrar un cojin que hacía mas bulto que yo, ver a mi padre, mi madre, mi abuela de rodillas...- orando con fe, ante la imagen del Corazón de Jesús, aquella formula que aún yo no era capaz de inteligir!
En mi casa a Dios se le tenía presente. Nada, nada sin Dios.
Aquí os dejo aquella vieja oración que forma parte de las entretelas del alma y conformó mi
hogar cristiano, como el de tantas y tantas familias de bien.
Señor Jesucristo, arrodillados a tus pies, renovamos alegremente la Consagración de nuestra familia a tu Divino Corazón.
Sé, hoy y siempre, nuestro Guía, el Jefe protector de nuestro hogar, el Rey y Centro de nuestros corazones.
Bendice a nuestra familia, nuestra casa, a nuestros vecinos, parientes y amigos.
Ayúdanos a cumplir fielmente nuestros deberes, y participa de nuestras alegrías y angustias, de nuestras esperanzas y dudas, de nuestro trabajo y de nuestras diversiones.
Danos fuerza, Señor, para que carguemos nuestra cruz de cada día y sepamos ofrecer todos nuestros actos, junto con tu sacrificio, al Padre.
Que la justicia, la fraternidad, el perdón y la misericordia estén presentes en nuestro hogar y en nuestras comunidades. Queremos ser instrumentos de paz y de vida.
Que nuestro amor a tu Corazón compense, de alguna manera, la frialdad y la indiferencia, la ingratitud y la falta de amor de quienes no te conocen, te desprecian o rechazan.
Sagrado Corazón de Jesús, tenemos confianza en Ti. Confianza profunda, ilimitada. Amen.
Sé, hoy y siempre, nuestro Guía, el Jefe protector de nuestro hogar, el Rey y Centro de nuestros corazones.
Bendice a nuestra familia, nuestra casa, a nuestros vecinos, parientes y amigos.
Ayúdanos a cumplir fielmente nuestros deberes, y participa de nuestras alegrías y angustias, de nuestras esperanzas y dudas, de nuestro trabajo y de nuestras diversiones.
Danos fuerza, Señor, para que carguemos nuestra cruz de cada día y sepamos ofrecer todos nuestros actos, junto con tu sacrificio, al Padre.
Que la justicia, la fraternidad, el perdón y la misericordia estén presentes en nuestro hogar y en nuestras comunidades. Queremos ser instrumentos de paz y de vida.
Que nuestro amor a tu Corazón compense, de alguna manera, la frialdad y la indiferencia, la ingratitud y la falta de amor de quienes no te conocen, te desprecian o rechazan.
Sagrado Corazón de Jesús, tenemos confianza en Ti. Confianza profunda, ilimitada. Amen.
¡Ojalá acertemos a persudir a los padres de su responsabilidad ante Dios! Nuestra Iglesia volverá a ser fecunda cuando la los padres abran las puertas de sus hogares a Dios; y dejen de usar los Sacramentos como un pretexto para organizar fiestas lucrativas: Bautizos, Comuniones, Bodas que llenan la casa de regalos y las carteras de euros... pero dejan vacío el corazón.
2 comentarios:
Es difícil, aunque no imposible educar a los hijos en la fe, en una familia, dónde el marido se manifiesta totalmente ajeno a ella. En la medida que yo intento dar ejemplo mi marido les incita a hacer lo que les apetece y cuando les apetece. Al final puede más el ejemplo del padre, pues es más atractivo quedarse viendo una carrera de coches que ir a Misa y escuchar al párroco, al que ni siquiera entiendes. Así pues, no dejo de pedir ayuda divina para no rendirme y tener suficiente energía en la tarea.
Isabel debes hacerle notar a tu marido la gran responsabilidad que tiene de no dificultar la formación en la fe de vuestros hijos. El Maligno sabe hacer atractivo el descuido de las cosas santas. Sin embargo, no desistas en tu empeño de construir un hogar temeroso/amoroso de Dios. No olvides que lo tuyo es embrar y, ni el que siembra ni el que riega... sino que es Dios quien da el crecimiento. Encomienda a los santos angeles de tu esposo y tus hijos que les toquen el corazón. Animo
Publicar un comentario en la entrada