El Via Lucis. Es el camino de la luz y la
alegría vividos con Cristo resucitado. Vamos a dejarnos iluminar con la
presencia y acción de Cristo resucitado que vive ya para siempre entre
nosotros. Vamos a dejarnos llenar por el Espíritu Santo que vivifica el alma.
Oración
Preparatoria. Señor Jesús, con tu Resurrección triunfaste sobre la muerte y
vives para siempre comunicándonos la vida, la alegría, la esperanza firme. Tú
que fortaleciste la fe de los apóstoles, de las mujeres y de tus discípulos
enseñándolos a amar con obras, fortalece también nuestro espíritu vacilante,
para que nos entreguemos de lleno a Ti.
I
ESTACIÓN. ¡CRISTO HA RESUCITADO!
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
En los
sepulcros suele poner "aquí yace", en cambio en el de Jesús el
epitafio no estaba escrito sino que lo dijeron los ángeles: "¿Por qué
buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha
resucitado" (Lc 24, 5-6).
Cuando
todo parece que está acabado, cuando la muerte parece haber dicho la última
palabra, hay que proclamar llenos de gozo que Cristo vive, porque ha
resucitado. Esa es la gran noticia, la gran verdad que da consistencia a
nuestra fe, Jesús abrió las puertas del cielo a los justos que murieron
antes que Él. Su muerte redentora nos ha liberado del pecado, y ahora su resurrección
gloriosa nos ha abierto el camino hacia el Padre.
Oración. Señor
Jesús, hemos querido seguirte en los momentos difíciles de tu Pasión y Muerte,
sin avergonzarnos de tu cruz redentora. Ahora queremos vivir contigo la
verdadera alegría, la alegría que brota de un corazón enamorado y entregado, la
alegría de la resurrección. Pero enséñanos a no huir de la cruz, porque antes
del triunfo suele estar la tribulación. Y sólo tomando tu cruz podremos
llenarnos de ese gozo que nunca acaba.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
II
ESTACIÓN. ENCUENTRO CON MAGDALENA
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
La
Magdalena ama a Jesús, con un amor limpio y grande. Su amor está hecho de
fortaleza y eficacia. María ha buscado al Maestro y la respuesta no se ha hecho
esperar: el Señor reconoce su cariño sin fisuras, y pronuncia su nombre. Cristo
nos llama por nuestros nombres, personalmente, porque nos ama a cada uno. Y a
veces se oculta bajo la apariencia del hortelano, o de tantos hombres o mujeres
que pasan, sin que nos demos cuenta, a nuestro lado.
María
Magdalena, se va a convertir en la primera mensajera de la Resurrección: recibe
el dulce encargo de anunciar a los apóstoles que Cristo ha resucitado.
Oración. Virgen
María, la tradición nos dice que la primera visita de tu Hijo resucitado fue a
ti, no para fortalecer tu fe, que en ningún momento había decaído, sino para
compartir contigo la alegría del triunfo. Nosotros te queremos pedir que, como
María Magdalena, seamos testigos y mensajeros de la Resurrección de Jesucristo,
viviendo contigo el gozo de no separarnos nunca del Señor.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
III
ESTACIÓN. SE APARECE A LAS MUJERES
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Las
mujeres son las primeras en reaccionar ante la muerte de Jesús. Y obran con
diligencia: su cariño es tan auténtico que no repara en respetos humanos, en el
qué dirán. Cuando embalsamaron el cuerpo de Jesús lo tuvieron que hacer tan
rápidamente que no pudieron terminar ese piadoso servicio al Maestro. Por eso,
Han echado fuera el sueño y la pereza y, antes de despuntar el día, ya se
encaminan hacia el sepulcro. Hay dificultades objetivas: los soldados, la
pesada piedra que cubre la estancia donde está colocado el Señor. Pero ellas no
se asustan porque saben poner todo en manos de Dios.
Oración. Señor
Jesús, danos la valentía de aquellas mujeres, su fortaleza interior para hacer
frente a cualquier obstáculo. Que, a pesar de las dificultades, interiores o
exteriores, sepamos confiar y no nos dejemos vencer por la tristeza o el
desaliento, que nuestro único móvil sea el amor, el ponernos a tu servicio
porque, como aquellas mujeres, y las buenas mujeres de todos los tiempos,
queremos estar, desde el silencio, al servicio de los demás.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
IV
ESTACIÓN. SOLDADOS CUSTODIAN EL SEPULCRO
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Los
enemigos de Cristo quisieron cerciorarse de que su cuerpo no pudiera ser robado
por sus discípulos y, para ello, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y
montando la guardia. Y son precisamente ellos quienes contaron lo ocurrido. Pero
no hay peor ciego que el que no quiere ver. En lugar de creer, los sumos
sacerdotes y los ancianos quieren ocultar el acontecimiento de la Resurrección
y, con dinero, compran a los soldados, porque la verdad no les interesa.
Oración. Señor
Jesús, danos la limpieza de corazón y la claridad de mente para reconocer la
verdad. Que nunca negociemos con la ella para ocultar nuestras flaquezas,
nuestra falta de entrega, que nunca sirvamos a la mentira, para sacar adelante
nuestros intereses. Que te reconozcamos, Señor, como la Verdad de nuestra vida.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
V ESTACIÓN.
CONTEMPLAN EL SEPULCRO VACÍO
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Pedro y
Juan son los primeros apóstoles en ir al sepulcro. Han llegado corriendo, con
el alma esperanzada y el corazón latiendo fuerte. Y comprueban que todo es como
les han dicho las mujeres. Cristo ha vencido a la muerte, y no es una vana
ilusión: es un hecho de la historia, que va a cambiar la historia. Después de
este hecho, el Señor saldría al encuentro de Pedro, como expresión de la
delicadeza de su amor; y llegaría a ser Cabeza de los Apóstoles, y tendría que
confirmarlos en la fe.
Oración. Señor
Jesús, también nosotros como Pedro y Juan, necesitamos encaminarnos hacia Ti,
sin dejarlo para después. Por eso te pedimos ese impulso interior para
responder con prontitud a lo que puedas querer de nosotros. Que sepamos
escuchar a los que nos hablan en tu nombre para que corramos con esperanza a
buscarte.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
VI
ESTACIÓN. JESÚS MUESTRA SUS LLAGAS
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Cristo
resucitado es el mismo Jesús que nació en Belén y trabajó durante años en
Nazaret, el mismo que recorrió los caminos de Palestina predicando y haciendo
milagros, el mismo que lavó los pies a sus discípulos y se entregó a sus
enemigos para morir en la Cruz. Jesucristo, el Señor que es verdadero Dios y
hombre verdadero, se presenta en medio de
los apostloes, y les muestra sus llagas como señal de su victoria sobre la
muerte y el pecado. Con ellas nos ha rescatado. Han sido el precio de nuestra
redención. No es un fantasma. Es verdaderamente el mismo Jesús que los eligió
como amigos, y ahora come con ellos.
Oración. Señor
Jesús, danos la fe y la confianza para descubrirte en todo momento, incluso
cuando no te esperamos. Que seas para nosotros no una figura lejana que existió
en la historia, sino que, vivo y presente entre nosotros, ilumines nuestro
camino en esta vida y, después, transformes nuestro cuerpo frágil en cuerpo
glorioso como el tuyo.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
VII ESTACIÓN.
EN EL CAMINO DE EMAÚS
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Los de
Emaús se iban tristes y desesperanzados: como tantos hombres y mujeres que ven
con perplejidad cómo las cosas no salen según habían previsto. No acaban de
confiar en el Señor. Sin embargo Cristo "se viste de caminante" y mientras les explica
las Escrituras, su corazón, se llena de luz,
"arde" de fe, alegría. Hasta que, puestos a la mesa, Jesús
parte el pan y se les abren la mente y el corazón. Y descubren que era el
Señor. Nosotros comprendemos con ellos que Jesús nos va acompañando en nuestro
camino diario para encaminarnos a la Eucaristía: para escuchar su Palabra y
compartir el Pan.
Oración. Señor
Jesús, ¡cuántas veces estamos de vuelta de todo y de todos! ¡tantas veces
estamos desengañados y tristes! Ayúdanos a descubrirte en el camino de la vida,
en la lectura de tu Palabra y en la celebración de la Eucaristía, donde te
ofreces a nosotros como alimento cotidiano. Que siempre nos lleve a Ti, Señor,
un deseo ardiente de encontrarte también en los hermanos.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
VIII
ESTACIÓN. DA PODER DE PERDONAR PECADOS.
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Los
apóstoles no han terminado de entender lo que ha ocurrido en estos días, pero
eso no importa ahora, porque Cristo está otra vez junto a ellos. Vuelven a
vivir la intimidad del amor, la cercanía del Maestro. Las puertas están
cerradas por el miedo, y Él les va a ayudar a abrir de par en par su corazón
para acoger a todo hombre. Durante la Última Cena les dio el poder de renovar
su entrega por amor: el poder de celebrar el sacrificio de la Eucaristía. En
estos momentos, les hace partícipes de la misericordia de Dios: el poder de
perdonar los pecados, la capacidad de volver
a la amistad con Dios después de haberlo abandonado por el pecado, la
reconciliación.
Oración. Señor
Jesús, que sepamos descubrir en los sacerdotes otros Cristos, porque has hecho
de ellos los dispensadores de los misterios de Dios. Y, cuando nos alejemos de
Ti por el pecado, ayúdanos a sentir la alegría profunda de tu misericordia en
el sacramento de la Penitencia. Porque la Penitencia limpia el alma,
devolviéndonos tu amistad, nos reconcilia con la Iglesia y nos ofrece la paz y
serenidad de conciencia para reemprender con fuerza el combate cristiano.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
IX ESTACIÓN.
JESÚS FORTALECE LA FE DE TOMÁS.
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Tomás no
se deja convencer por las palabras, por el testimonio de los demás apóstoles, y
busca los hechos: ver y tocar. Jesús, que conoce tan íntimamente nuestro
corazón, busca recuperar esa confianza que parece perdida. La fe es una gracia
de Dios que nos lleva reconocerlo como Señor, que mueve nuestro corazón hacia
Él, que nos abre los ojos del espíritu. La fe es una luz que ilumina nuestra existencia y nos ayuda y fortalece para reconocer
la verdad y aprender a amarla. ¡Qué importante es estar pegados a Cristo,
aunque no lo sintamos cerca, aunque no lo toquemos, aunque no lo veamos!
Oración. Señor
Jesús, auméntanos la fe, la esperanza y el amor. Danos una fe fuerte y firme,
llena de confianza. Te pedimos la humildad de creer sin ver, de esperar contra
toda esperanza y de amar sin medida, con un corazón grande. Como dijiste al
apóstol Tomás, queremos, aún sin ver, rendir nuestro juicio y abrazarnos con
firmeza a tu palabra y al magisterio de la Iglesia que has instituido, para que
tu Pueblo permanezca en la verdad que libera.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
X
ESTACIÓN. JESÚS RESUCITADO EN EL LAGO
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
En los
momentos de incertidumbre, los apóstoles se unen en el trabajo con Pedro. La
barca de Pedro, el pescador de Galilea, es imagen de la Iglesia, cuyos miembros,
a lo largo de la historia están llamados a
"ser pescadores de hombres". Pero no vale únicamente el esfuerzo
humano, hay que contar con el Señor, fiándonos de su palabra, y echar las
redes. El apostolado, la extensión del Reino,
es fruto de la gracia de Dios y del esfuerzo y docilidad del hombre. Hay
que saber descubrir a Jesús en la orilla, con esa mirada que afina el amor. Y
Él nos premiará con frutos abundantes.
Oración. Señor
Jesús, haz que nos sintamos orgullosos de estar subidos en la barca de Pedro,
en la Iglesia. Que aprendamos a amarla y respetarla como madre. Enséñanos,
Señor, a apoyarnos no sólo en nosotros mismos y en nuestra actividad, sino
sobre todo en Ti. Que nunca te perdamos de vista, y sigamos siempre tus
indicaciones, aunque nos parezcan difíciles o absurdas, porque sólo así
recogeremos frutos abundantes que serán tuyos, no nuestros.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
XI ESTACIÓN.
JESÚS CONFIRMA A PEDRO
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Pedro, el
impulsivo, el fogoso, queda a solas con el Señor. Y se siente avergonzado
porque le ha fallado cuando más lo necesitaba. Pero Jesús no le reprocha su
cobardía: el amor es más grande que todas nuestras miserias. Le lleva por el
camino de renovar el amor, de recomenzar, porque nunca hay nada perdido. Las
tres preguntas de Jesús son la mejor prueba de que Él sí es fiel a sus
promesas. La respuesta de Cristo,
Buen Pastor, es ponerle a él y a sus Sucesores al frente de la naciente
Iglesia, para pastorear al Pueblo de Dios con la solicitud de un padre, de un
maestro, de un hermano, de un servidor.
Oración. Señor
Jesús, que sepamos reaccionar antes nuestros pecados, que son traiciones a tu
amistad, y volvamos a Ti respondiendo al amor con amor. Ayúdanos a estar muy
unidos al sucesor de Pedro, al Santo Padre el Papa, con el apoyo eficaz que da
la obediencia, porque es garantía de la unidad de la Iglesia y de la fidelidad
al Evangelio.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
XII ESTACIÓN.
JESÚS ENCARGA SU MISIÓN
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Los
últimos días de Jesús en la tierra junto a sus discípulos debieron quedar muy
grabados en sus mentes y en sus corazones. El Señor pone en su horizonte toda la tarea que
tienen por delante: "Id al mundo entero...". Ese es su testamento:
hay que ponerse en camino para llevar a todos el mensaje que han visto y oído.
Están por delante las tres grandes tareas de todo cristiano:
predicar, hablar de Dios para que la gente crea; bautizar, hacer que las
personas lleguen a ser hijos de Dios, y vivir
según el Evangelio, para parecerse cada día más a Jesús, el Maestro, el Señor.
Oración. Señor
Jesús, que llenaste de esperanza a los apóstoles con el dulce mandato de
predicar la Buena Nueva, dilata nuestro corazón para que crezca en nosotros el
deseo de llevar al mundo, a cada hombre, a todo hombre, la alegría de tu
Resurrección, para que así el mundo crea, y creyendo sea transformado a tu
imagen.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
XIII ESTACIÓN.
JESÚS ASCIENDE AL CIELO
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Todos se
han reunido para la despedida del Maestro. Sienten el dolor de la separación,
pero el Señor les ha llenado de esperanza. Una esperanza firme: "Yo estaré
con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Por eso los ángeles
les sacan de esos primeros instantes de desconcierto, de "mirar al
cielo". Es el momento de ponerse a trabajar, de emplearse para
llevar el mensaje de alegría, la Buena Noticia, hasta los confines del mundo. Y no podemos
perder un instante, porque el tiempo no es nuestro, sino de Dios.
Jesucristo
ha querido ir por delante de nosotros, para que vivamos con la ardiente
esperanza de acompañarlo un día en su Reino. Y está sentado a la derecha del
Padre, hasta que vuelva al final de los tiempos.
Oración. Señor
Jesús, tu ascensión al cielo nos anuncia la gloria futura que has destinado
para los que te aman. Haz, Señor, que la esperanza del cielo nos ayude a
trabajar sin descanso aquí en la tierra. Que no permanezcamos nunca de brazos
cruzados, sino que hagamos de nuestra vida una siembra continua de paz y de
alegría.
XIV ESTACIÓN. LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO
V/
Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/
Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Jesús, el
Hijo de Dios, está ya en el cielo, pero ha prometido a sus amigos que no
quedarán solos. Y fiel a la promesa, el Padre, por la oración de Jesús, envía
al Espíritu Santo. Muy pegados a
la Virgen, Madre de la Iglesia, reciben el Espíritu Santo. Él es el que llena
de luz la mente y de fuego el corazón de los discípulos para darles la fuerza y
el impulso para predicar el Reino de Dios. Queda inaugurado el "tiempo de
la Iglesia". El Espíritu Santo la guía a
lo largo de la historia de la humanidad, pero también a lo largo de la propia
historia personal de cada uno, hasta que un día participemos del gozo junto a
Dios en el cielo.
Oración. Dios
Espíritu Santo, Dulce Huésped del alma, Consolador y Santificador nuestro, inflama
nuestro corazón, llena de luz nuestra mente para que te tratemos cada vez más y
te conozcamos mejor. Derrama sobre nosotros el fuego de tu amor para que,
transformados por tu fuerza, te pongamos en la entraña de nuestro ser y de
nuestro obrar, y todo lo hagamos bajo tu impulso.
V/
Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/
Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
ORACIÓN
FINAL
Señor y
Dios nuestro, fuente de alegría y de esperanza, hemos vivido con tu Hijo los
acontecimientos de su Resurrección y Ascensión hasta la venida del Espíritu
Santo; haz que la contemplación de estos
misterios nos llene de tu gracia y nos capacite
para dar testimonio de Jesucristo en medio del mundo.
Te
pedimos por tu Santa Iglesia: que sea fiel reflejo de las huellas de Cristo en
la historia y que, llena del Espíritu Santo, manifieste al mundo los tesoros de
tu amor, santifique a tus fieles con los
sacramentos y haga partícipes a todos los hombres de la resurrección eterna. Por Jesucristo
nuestro Señor.