sábado, 18 de mayo de 2013

Han jubilado a mi cura...


Nunca he podido entender porque jubilan, por edad, a un sacerdote que voluntariamente desea seguir trabajando. Si tiene plenitud de facultades mentales, no le fallan las fuerzas ni el ánimo y goza de cualidades de buen pastor… nunca debería pedírsele que dejase el ejercicio del ministerio. ¿Acaso se jubila uno de la condición de padre o madre? Lo paradójico es que nuestras curias, mas con el código de Derecho canónico en la mano que con el Evangelio, llegada la edad exigen a nuestros sacerdotes más probos presentar su renuncia por "presbíteros".
 Me llena de perplejidad que:
-          En tiempos en que escasean los sacerdotes.
-          En momentos de escasa creatividad e innovación pastoral que requiere, no ya la tan cacareada nueva evangelización sino el cambio sociológico.
-          En un contexto en que parte del clero joven, sale de los seminarios aburguesado, con actitudes más propias de funcionarios de lo sagrado, que de auténticos obreros de la viña del Señor.Con dedicación a tiempo parcial, día de descanso y un breve horario de apertura y cierre de los templos.
-          En un ambiente de creciente desconfianza y recelo frente a los sacerdotes, por la distorsión que de su imagen hacen los medios de comunicación, las series de Tv y el cine...

Se arrincone a un sacerdote mayor, que ha trabajado con admirable abnegación y fidelidad. Un sacerdote virtuoso, debería ser estimado como una riqueza inestimable, un capital humano y cristiano de incalculable valor. Su ministerio es tanto más valioso cuanto más se ve acreditado por la integridad de su proceder, la coherencia de vida y la generosidad de su entrega durante largos años de servicio callado.
No olvidemos que el pueblo fiel tiene “olfato” para detectar la calidad espiritual de sus sacerdotes, difícilmente suelen engañarse y por ello le confieren autoridad moral, ascendente sobre sus vidas. ¡Cuando los parroquianos respetan y aman al cura, nunca es por casualidad! Pero ¿qué les interesa esto a los curiales? ¿Qué van a saber de esto, quienes van del coche al despacho y del despacho al coche o nombran y cesan sobre datos de archivo?
No se puede dilapidar –sin más- el valor evangelizador de una larga trayectoria de vida sacerdotal impecable; de una demostrada dedición a tiempo completo, sin horas ni días de descanso o vacación; de una inquietud escrutadora de la realidad tratando de ofrecer respuestas pastorales a lo que demandan los signos de los tiempos. No se puede menospreciar el valor de la sobriedad, el testimonio de fe y la referencia que ofrece a una parroquia un sacerdote anciano. Un hombre de Dios que mantiene incólume, a pesar de mil desengaños y sinsabores, su amor al Evangelio y a la Iglesia. Cuando pienso en la excelente catequesis viviente que ofreció al mundo, en su deteriorada ancianidad Juan Pablo II, me sublevo cuando se "jubila a la fuerza" a un pastor bueno y celoso.
Me niego a aceptar que la Iglesia reproduzca en su modo de proceder esquemas de funcionamiento y eficacia mas propios del mundo empresarial que del Evangelio. Estilo que, desafortunadamente, no se halla ausente entre nosotros como puso de manifiesto aquella -para mi- lamentable campaña vocacional, que intentaba reclutar jóvenes para el seminario presentando el sacerdocio con el reclamo de "un trabajo fijo" (para los escépticos les dejo el enlace: https://www.youtube.com/watch?v=k1pY_IugQfY). 
Me temo que moriré sin entender que se obligue a los sacerdotes –quieran o no- a entrar en una jubilación forzosa, simplemente porque han cumplido una edad biológica. Sobre todo entre un clero donde hay mayores que son más joviales que muchos jóvenes "envejecidos" de ideas y actitudes... El asunto da qué pensar.

jueves, 2 de mayo de 2013

Una sola alma, ya es parroquia


Hace unos años el obispo me decía estas palabras, tratando de razonarme su decisión de cambiarme de parroquia: “¡Es que ahí, estas desaprovechado!”.  Y el otro día un cura, (de esos oficialmente espirituales, celosos, apostólicos, de los que van dando consejos, retiros a los demás; uno de la élite de un movimiento que cuida la calidad de la vida sacerdotal… me espeta: -“¡Hombre es que, en esos pueblines que servías antes,… no tenías faena!”.  Y otro compañero, de esos movimientos nuevos y pujantes, me dice: "A ver si el obispo te trae a la capital para que tengas trabajo". Sin comentarios.

Me dejó –como coloquialmente se dice - "a cuadros".

Pensé: O sea, que según sus esquemas sólo trabaja pastoralmente el cura que está en grandes núcleos de población, con las masas. Sólo importa lo que hace quien está en los espacios urbanos o industriales donde radican los centros de servicios, administración, la universidad o donde se mueve economía o se decide la política.

Vivir entre ancianos pensionistas, en lugares rústicos apartados, con humildes agricultores… eso, no da faena. "¿Que trabajo pastoral tiene que hacer uno en una aldea cada vez más despoblada?" ¡Como si aquellas sencillas gentes no necesitasen tanto o más de los sacramentos, de la predicación, de la cercanía del sacerdote! Lo necesitan tanto o más que los demás. Aún no acierto a entender el porqué tres pueblos de 200 o 100 habitantes les parece a los tecnócratas de la pastoral que no dan trabajo al sacerdote o que allí no está aprovechado.

Me fui ante la cruz, pensativo. Y orante reparé que Jesucristo, gastó la vida -primero conviviendo (pastoral de la presencia) y luego predicando (pastoral evangelizadora)- en aldeas perdidas en un rincón perdido del mundo. No se fue a predicar a las grandes ciudades de su tiempo ni a los espacios de decisión e influencia política.

Quien piensa que en lo pequeño, no hay trabajo pastoral evidencia desconocer el corazón humano y declara que sus pretensiones, por razonables que parezcan, están alejadas del querer de Dios.

Pablo IV decía que “una sola alma, es diócesis”… Y al leerlo me convenció en tal manera su planteamiento del quehacer pastoral que considero, en mi vivencia del sacerdocio, que “una sola alma, ya es parroquia”. Que no hay parroquias grandes o pequeñas, importantes o insignificantes… Todas son agricultura de Dios y en todas ha de entregarse el sacerdote con el mismo empeño, dedicación y entrega.
Y si alguien no me entiende, con que Dios me comprenda ¡me basta!

jueves, 11 de abril de 2013

La lección de unos viejos zapatos


En cierta ocasión un estudiante universitario dando un paseo con su profesor, se encontraron en la vera del camino un par de zapatos viejos. Supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado, terminando sus labores diarias. El alumno dijo al profesor:
"¡Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre!".
Mi apreciado joven - le dijo el profesor - nunca tenemos que divertirnos a expensas de los demás y nenos aún si son pobres. Porqué no hacemos lo contrario. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda de oro en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver que cara pone y cual sea su reacción cuando las encuentre.
Eso hicieron y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El anciano, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos.
Al deslizar el pie en el zapato, sentió algo extraño dentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó quien la había introducido. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar. Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue mayor aún al encontrar la otra moneda. Se sobrecogió; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente oración de agradecimiento en voz alta, pidiendole perdón a Dios por Haber desconfiado de su Providencia. Dijo: "Mi fe se había debilitado por la enfermedad de mi esposa sin poder pagar al médico o comprar las medicinas; porque habíamos agotado el pan y mis hijos tenían hambre; porque no tenía con qué comprar semillas... Pero tú, Señor has enviado una mano amiga para aliviarme ¡Bendito seas Señor!"
El estudiante quedó profundamente impresionado y el que , en principio quería reirse de aquel acabó llorando junto a él. - Ahora, le dijo el profesor, ¿no encuentras más complacencia que si hubieras gastado una jocosa broma?
El joven respondió: "Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: Que hay mayor felicidad en dar que en recibir".

-Bien, seamos ahora nosotros quienes demos gracias a Dios porque su providencia nos conduce y da a cada cual lo que requiere para que su corazón se ennoblezca.

lunes, 8 de abril de 2013

Conversaciones de taller...

En una de esas ocasiones en que llevas el coche al taller para su revisión periódica, tuvo lugar esta  conversación. Soy de los que piensan que el mecánico ha de ser, como el médico y el banquero, gente de gran profesionalidad, honrado y de absoluta confianza. Mi mecánico,  mientras realizaba su tarea cambiando el aceite y revisando niveles, aterrizó en la conversación sobre sus hijos.
Aquel honesto trabajador, acongojado,  me expresó su pesar por el clima tan adverso que envuelve a nuestro jóvenes y lo desorientados que andan… Y, de repente, me dice:
- "¡Don Miguel, ustedes los curas si no existiesen habría que inventarlos! Una sociedad sana no puede prescindir de referentes éticos. Fijese son imprescindibles para la buena formación: la educación moral, los valores humanos y cristianos, los consejos orientadores, la revisión periódica de la propia vida y el reconocimiento de los errores, el amor-temor de Dios, la definición clara del bien y del mal (que no se establece a conveniencia de los propios intereses  como ahora se hace)... Vamos, lo de los Mandamientos, la dirección espiritual, el examenn de conciencia y la confesión de toda la vida. 
Aquí, al taller, acude la gente pensando que todo se arregla; pero de verdad el mejor taller del pueblo es la Iglesia, el único que todo puede arreglarlo es Dios.
Por eso ustedes estorban, resultan molestos a quienes quieren hacer vulnerables a nuestros jóvenes para poder manipularlos mejor… Nuestra generación se formó con criterio y rectamente, en gran medida por la influencia de la fe y el complemento que los sacerdotes aportaban a ella".
Profunda reflexión que comparto, que me dio materia de meditación por la gran responsabilidad que encierra el claudicar en esa tarea de acercar a los jóvenes la virtud de la religión. Nuestra sociedad necesita de una ITV a fondo. Si hubiera más padres y madres que esto descubrieran y se esforzasen por tranmitir la fe ¡que distinta sería nuestra juventud y que halagüeño nuestro futuro.

domingo, 7 de abril de 2013

El camino de la luz y la alegría vividos con Cristo resucitado

El Via Lucis. Es el camino de la luz y la alegría vividos con Cristo resucitado. Vamos a dejarnos iluminar con la presencia y acción de Cristo resucitado que vive ya para siempre entre nosotros. Vamos a dejarnos llenar por el Espíritu Santo que vivifica el alma.
 
Oración Preparatoria. Señor Jesús, con tu Resurrección triunfaste sobre la muerte y vives para siempre comunicándonos la vida, la alegría, la esperanza firme. Tú que fortaleciste la fe de los apóstoles, de las mujeres y de tus discípulos enseñándolos a amar con obras, fortalece también nuestro espíritu vacilante, para que nos entreguemos de lleno a Ti.
 
I ESTACIÓN. ¡CRISTO HA RESUCITADO!
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
En los sepulcros suele poner "aquí yace", en cambio en el de Jesús el epitafio no estaba escrito sino que lo dijeron los ángeles: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado" (Lc 24, 5-6).
Cuando todo parece que está acabado, cuando la muerte parece haber dicho la última palabra, hay que proclamar llenos de gozo que Cristo vive, porque ha resucitado. Esa es la gran noticia, la gran verdad que da consistencia a nuestra fe, Jesús abrió las puertas del cielo a los justos que murieron antes que Él. Su muerte redentora nos ha liberado del pecado, y ahora su resurrección gloriosa nos ha abierto el camino hacia el Padre.
Oración. Señor Jesús, hemos querido seguirte en los momentos difíciles de tu Pasión y Muerte, sin avergonzarnos de tu cruz redentora. Ahora queremos vivir contigo la verdadera alegría, la alegría que brota de un corazón enamorado y entregado, la alegría de la resurrección. Pero enséñanos a no huir de la cruz, porque antes del triunfo suele estar la tribulación. Y sólo tomando tu cruz podremos llenarnos de ese gozo que nunca acaba.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
II ESTACIÓN. ENCUENTRO CON MAGDALENA
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
La Magdalena ama a Jesús, con un amor limpio y grande. Su amor está hecho de fortaleza y eficacia. María ha buscado al Maestro y la respuesta no se ha hecho esperar: el Señor reconoce su cariño sin fisuras, y pronuncia su nombre. Cristo nos llama por nuestros nombres, personalmente, porque nos ama a cada uno. Y a veces se oculta bajo la apariencia del hortelano, o de tantos hombres o mujeres que pasan, sin que nos demos cuenta, a nuestro lado.
María Magdalena, se va a convertir en la primera mensajera de la Resurrección: recibe el dulce encargo de anunciar a los apóstoles que Cristo ha resucitado.
Oración. Virgen María, la tradición nos dice que la primera visita de tu Hijo resucitado fue a ti, no para fortalecer tu fe, que en ningún momento había decaído, sino para compartir contigo la alegría del triunfo. Nosotros te queremos pedir que, como María Magdalena, seamos testigos y mensajeros de la Resurrección de Jesucristo, viviendo contigo el gozo de no separarnos nunca del Señor.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
III ESTACIÓN. SE APARECE A LAS MUJERES
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Las mujeres son las primeras en reaccionar ante la muerte de Jesús. Y obran con diligencia: su cariño es tan auténtico que no repara en respetos humanos, en el qué dirán. Cuando embalsamaron el cuerpo de Jesús lo tuvieron que hacer tan rápidamente que no pudieron terminar ese piadoso servicio al Maestro. Por eso, Han echado fuera el sueño y la pereza y, antes de despuntar el día, ya se encaminan hacia el sepulcro. Hay dificultades objetivas: los soldados, la pesada piedra que cubre la estancia donde está colocado el Señor. Pero ellas no se asustan porque saben poner todo en manos de Dios.
Oración. Señor Jesús, danos la valentía de aquellas mujeres, su fortaleza interior para hacer frente a cualquier obstáculo. Que, a pesar de las dificultades, interiores o exteriores, sepamos confiar y no nos dejemos vencer por la tristeza o el desaliento, que nuestro único móvil sea el amor, el ponernos a tu servicio porque, como aquellas mujeres, y las buenas mujeres de todos los tiempos, queremos estar, desde el silencio, al servicio de los demás.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
IV ESTACIÓN. SOLDADOS CUSTODIAN EL SEPULCRO
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Los enemigos de Cristo quisieron cerciorarse de que su cuerpo no pudiera ser robado por sus discípulos y, para ello, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y montando la guardia. Y son precisamente ellos quienes contaron lo ocurrido. Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. En lugar de creer, los sumos sacerdotes y los ancianos quieren ocultar el acontecimiento de la Resurrección y, con dinero, compran a los soldados, porque la verdad no les interesa.
Oración. Señor Jesús, danos la limpieza de corazón y la claridad de mente para reconocer la verdad. Que nunca negociemos con la ella para ocultar nuestras flaquezas, nuestra falta de entrega, que nunca sirvamos a la mentira, para sacar adelante nuestros intereses. Que te reconozcamos, Señor, como la Verdad de nuestra vida.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
V ESTACIÓN. CONTEMPLAN EL SEPULCRO VACÍO
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Pedro y Juan son los primeros apóstoles en ir al sepulcro. Han llegado corriendo, con el alma esperanzada y el corazón latiendo fuerte. Y comprueban que todo es como les han dicho las mujeres. Cristo ha vencido a la muerte, y no es una vana ilusión: es un hecho de la historia, que va a cambiar la historia. Después de este hecho, el Señor saldría al encuentro de Pedro, como expresión de la delicadeza de su amor; y llegaría a ser Cabeza de los Apóstoles, y tendría que confirmarlos en la fe.
Oración. Señor Jesús, también nosotros como Pedro y Juan, necesitamos encaminarnos hacia Ti, sin dejarlo para después. Por eso te pedimos ese impulso interior para responder con prontitud a lo que puedas querer de nosotros. Que sepamos escuchar a los que nos hablan en tu nombre para que corramos con esperanza a buscarte.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
VI ESTACIÓN. JESÚS MUESTRA SUS LLAGAS
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Cristo resucitado es el mismo Jesús que nació en Belén y trabajó durante años en Nazaret, el mismo que recorrió los caminos de Palestina predicando y haciendo milagros, el mismo que lavó los pies a sus discípulos y se entregó a sus enemigos para morir en la Cruz. Jesucristo, el Señor que es verdadero Dios y hombre verdadero, se presenta en medio de los apostloes, y les muestra sus llagas como señal de su victoria sobre la muerte y el pecado. Con ellas nos ha rescatado. Han sido el precio de nuestra redención. No es un fantasma. Es verdaderamente el mismo Jesús que los eligió como amigos, y ahora come con ellos.
Oración. Señor Jesús, danos la fe y la confianza para descubrirte en todo momento, incluso cuando no te esperamos. Que seas para nosotros no una figura lejana que existió en la historia, sino que, vivo y presente entre nosotros, ilumines nuestro camino en esta vida y, después, transformes nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el tuyo.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
VII ESTACIÓN. EN EL CAMINO DE EMAÚS
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Los de Emaús se iban tristes y desesperanzados: como tantos hombres y mujeres que ven con perplejidad cómo las cosas no salen según habían previsto. No acaban de confiar en el Señor. Sin embargo Cristo "se viste de caminante" y  mientras les explica las Escrituras, su corazón,  se llena de luz, "arde" de fe, alegría. Hasta que, puestos a la mesa, Jesús parte el pan y se les abren la mente y el corazón. Y descubren que era el Señor. Nosotros comprendemos con ellos que Jesús nos va acompañando en nuestro camino diario para encaminarnos a la Eucaristía: para escuchar su Palabra y compartir el Pan.
Oración. Señor Jesús, ¡cuántas veces estamos de vuelta de todo y de todos! ¡tantas veces estamos desengañados y tristes! Ayúdanos a descubrirte en el camino de la vida, en la lectura de tu Palabra y en la celebración de la Eucaristía, donde te ofreces a nosotros como alimento cotidiano. Que siempre nos lleve a Ti, Señor, un deseo ardiente de encontrarte también en los hermanos.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
VIII ESTACIÓN. DA PODER DE PERDONAR PECADOS.
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Los apóstoles no han terminado de entender lo que ha ocurrido en estos días, pero eso no importa ahora, porque Cristo está otra vez junto a ellos. Vuelven a vivir la intimidad del amor, la cercanía del Maestro. Las puertas están cerradas por el miedo, y Él les va a ayudar a abrir de par en par su corazón para acoger a todo hombre. Durante la Última Cena les dio el poder de renovar su entrega por amor: el poder de celebrar el sacrificio de la Eucaristía. En estos momentos, les hace partícipes de la misericordia de Dios: el poder de perdonar los pecados, la capacidad de volver a la amistad con Dios después de haberlo abandonado por el pecado, la reconciliación.
Oración. Señor Jesús, que sepamos descubrir en los sacerdotes otros Cristos, porque has hecho de ellos los dispensadores de los misterios de Dios. Y, cuando nos alejemos de Ti por el pecado, ayúdanos a sentir la alegría profunda de tu misericordia en el sacramento de la Penitencia. Porque la Penitencia limpia el alma, devolviéndonos tu amistad, nos reconcilia con la Iglesia y nos ofrece la paz y serenidad de conciencia para reemprender con fuerza el combate cristiano.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
IX ESTACIÓN. JESÚS FORTALECE LA FE DE TOMÁS.
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Tomás no se deja convencer por las palabras, por el testimonio de los demás apóstoles, y busca los hechos: ver y tocar. Jesús, que conoce tan íntimamente nuestro corazón, busca recuperar esa confianza que parece perdida. La fe es una gracia de Dios que nos lleva reconocerlo como Señor, que mueve nuestro corazón hacia Él, que nos abre los ojos del espíritu. La fe es una luz que ilumina nuestra existencia y nos ayuda y fortalece para reconocer la verdad y aprender a amarla. ¡Qué importante es estar pegados a Cristo, aunque no lo sintamos cerca, aunque no lo toquemos, aunque no lo veamos!
Oración. Señor Jesús, auméntanos la fe, la esperanza y el amor. Danos una fe fuerte y firme, llena de confianza. Te pedimos la humildad de creer sin ver, de esperar contra toda esperanza y de amar sin medida, con un corazón grande. Como dijiste al apóstol Tomás, queremos, aún sin ver, rendir nuestro juicio y abrazarnos con firmeza a tu palabra y al magisterio de la Iglesia que has instituido, para que tu Pueblo permanezca en la verdad que libera.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
X ESTACIÓN. JESÚS RESUCITADO EN EL LAGO
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.


En los momentos de incertidumbre, los apóstoles se unen en el trabajo con Pedro. La barca de Pedro, el pescador de Galilea, es imagen de la Iglesia, cuyos miembros, a lo largo de la historia están llamados a "ser pescadores de hombres". Pero no vale únicamente el esfuerzo humano, hay que contar con el Señor, fiándonos de su palabra, y echar las redes. El apostolado, la extensión del Reino, es fruto de la gracia de Dios y del esfuerzo y docilidad del hombre. Hay que saber descubrir a Jesús en la orilla, con esa mirada que afina el amor. Y Él nos premiará con frutos abundantes.
Oración. Señor Jesús, haz que nos sintamos orgullosos de estar subidos en la barca de Pedro, en la Iglesia. Que aprendamos a amarla y respetarla como madre. Enséñanos, Señor, a apoyarnos no sólo en nosotros mismos y en nuestra actividad, sino sobre todo en Ti. Que nunca te perdamos de vista, y sigamos siempre tus indicaciones, aunque nos parezcan difíciles o absurdas, porque sólo así recogeremos frutos abundantes que serán tuyos, no nuestros.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
XI ESTACIÓN. JESÚS CONFIRMA A PEDRO
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Pedro, el impulsivo, el fogoso, queda a solas con el Señor. Y se siente avergonzado porque le ha fallado cuando más lo necesitaba. Pero Jesús no le reprocha su cobardía: el amor es más grande que todas nuestras miserias. Le lleva por el camino de renovar el amor, de recomenzar, porque nunca hay nada perdido. Las tres preguntas de Jesús son la mejor prueba de que Él sí es fiel a sus promesas. La respuesta de Cristo, Buen Pastor, es ponerle a él y a sus Sucesores al frente de la naciente Iglesia, para pastorear al Pueblo de Dios con la solicitud de un padre, de un maestro, de un hermano, de un servidor.
Oración. Señor Jesús, que sepamos reaccionar antes nuestros pecados, que son traiciones a tu amistad, y volvamos a Ti respondiendo al amor con amor. Ayúdanos a estar muy unidos al sucesor de Pedro, al Santo Padre el Papa, con el apoyo eficaz que da la obediencia, porque es garantía de la unidad de la Iglesia y de la fidelidad al Evangelio.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
XII ESTACIÓN. JESÚS ENCARGA SU MISIÓN
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Los últimos días de Jesús en la tierra junto a sus discípulos debieron quedar muy grabados en sus mentes y en sus corazones. El Señor pone en su horizonte toda la tarea que tienen por delante: "Id al mundo entero...". Ese es su testamento: hay que ponerse en camino para llevar a todos el mensaje que han visto y oído. Están por delante las tres grandes tareas de todo cristiano: predicar, hablar de Dios para que la gente crea; bautizar, hacer que las personas lleguen a ser hijos de Dios,  y vivir según el Evangelio, para parecerse cada día más a Jesús, el Maestro, el Señor.
Oración. Señor Jesús, que llenaste de esperanza a los apóstoles con el dulce mandato de predicar la Buena Nueva, dilata nuestro corazón para que crezca en nosotros el deseo de llevar al mundo, a cada hombre, a todo hombre, la alegría de tu Resurrección, para que así el mundo crea, y creyendo sea transformado a tu imagen.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
 
XIII ESTACIÓN. JESÚS ASCIENDE AL CIELO
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.

Todos se han reunido para la despedida del Maestro. Sienten el dolor de la separación, pero el Señor les ha llenado de esperanza. Una esperanza firme: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo". Por eso los ángeles les sacan de esos primeros instantes de desconcierto, de "mirar al cielo". Es el momento de ponerse a trabajar, de emplearse para llevar el mensaje de alegría, la Buena Noticia, hasta los confines del mundo. Y no podemos perder un instante, porque el tiempo no es nuestro, sino de Dios.
Jesucristo ha querido ir por delante de nosotros, para que vivamos con la ardiente esperanza de acompañarlo un día en su Reino. Y está sentado a la derecha del Padre, hasta que vuelva al final de los tiempos.
Oración. Señor Jesús, tu ascensión al cielo nos anuncia la gloria futura que has destinado para los que te aman. Haz, Señor, que la esperanza del cielo nos ayude a trabajar sin descanso aquí en la tierra. Que no permanezcamos nunca de brazos cruzados, sino que hagamos de nuestra vida una siembra continua de paz y de alegría.
 
XIV ESTACIÓN. LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO
V/ Te adoramos oh Cristo resucitado y te bendecimos. Aleluya.
R/ Que por tu santa cruz redimiste al mundo. Aleluya.
Jesús, el Hijo de Dios, está ya en el cielo, pero ha prometido a sus amigos que no quedarán solos. Y fiel a la promesa, el Padre, por la oración de Jesús, envía al Espíritu Santo. Muy pegados a la Virgen, Madre de la Iglesia, reciben el Espíritu Santo. Él es el que llena de luz la mente y de fuego el corazón de los discípulos para darles la fuerza y el impulso para predicar el Reino de Dios. Queda inaugurado el "tiempo de la Iglesia". El Espíritu Santo la guía a lo largo de la historia de la humanidad, pero también a lo largo de la propia historia personal de cada uno, hasta que un día participemos del gozo junto a Dios en el cielo.
Oración. Dios Espíritu Santo, Dulce Huésped del alma, Consolador y Santificador nuestro, inflama nuestro corazón, llena de luz nuestra mente para que te tratemos cada vez más y te conozcamos mejor. Derrama sobre nosotros el fuego de tu amor para que, transformados por tu fuerza, te pongamos en la entraña de nuestro ser y de nuestro obrar, y todo lo hagamos bajo tu impulso.
V/ Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
R/ Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.
ORACIÓN FINAL
Señor y Dios nuestro, fuente de alegría y de esperanza, hemos vivido con tu Hijo los acontecimientos de su Resurrección y Ascensión hasta la venida del Espíritu Santo;  haz que la contemplación de estos misterios nos llene de tu gracia y nos capacite  para dar testimonio de Jesucristo en medio del mundo.
Te pedimos por tu Santa Iglesia: que sea fiel reflejo de las huellas de Cristo en la historia y que, llena del Espíritu Santo, manifieste al mundo los tesoros de tu amor,  santifique a tus fieles con los sacramentos y haga partícipes a todos los hombres  de la resurrección eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

viernes, 29 de marzo de 2013

Orar ante el desenclavo de Cristo


"Informado por el centurión, Pilato, concedió el cuerpo a José de Arimatea, quien, comprando una sábana lo descolgó de la cruz y lo envolvió en la misma". (Mc 15,45-46)

Cuando Jesús desciende de la cruz, se besa el cielo con la tierra, la divinidad con la humanidad, la muerte con la vida, la alegría con la tristeza, la fe con la duda y la desilusión con la esperanza.

Hombres justos, despojad de la cabeza de Jesús la Corona de espinas, no sigamos coronando a Jesús con las coronas confeccionadas de angustia y de tristeza, no coronemos a Jesús con espinas de muerte y de miseria. Dejémonos coronar por él con la corona de su amor y su alegría; no coronemos a Jesús con coronas ensangrentadas de la violencia que campa en nuestra sociedad.

¡Coronemos al Señor de la vida con la corona de nuestros buenos sentimientos y propósitos!

¡Hoy te quitamos Señor la corona de espinas de tu cabeza, vuélvela gloriosa y redentora!

Hombres justos, bajad el brazo derecho de Jesús, el brazo diestro que obra el progreso, el brazo de la bendición, el brazo de la ternura, brazo que levanta al caido, brazo que corrige, brazo que orienta, brazo que sana. Que nuestro brazo derecho sea constructor de paz  en los conflictos, signo de valentía en medio de tanta inhibición cobarde creada por los agoreros del desastre.

¡Hoy quitemos el clavo derecho de Cristo para liberar su mano bienhechora! Quitemos el mal de nuestras vidas, y combatamos contra todo aquello que estorba al bien! Prestemos a Cristo nuestro brazo para promover el logro del bien común.

Hombres justos bajad el brazo izquierdo de nuestro salvador, es el brazo que alentó a sus discípulos cuando en cierta población fueron despreciados,  o les animó a la fe señalando el monte de la transfiguración; ¡que este brazo izquierdo de Jesús sea nuestro propio brazo hábil y capaz en la construcción y edificación de nuestra vida, construyámonos y erijámonos como verdaderos hijos de Dios en la humildad y en el servicio.

¡Hoy quitemos el clavo izquierdo de Cristo para que con su divina habilidad persuada a los alejados de la necesidad de volver al amor! Prestemos a Cristo nuestro brazo para edificar el reino de justicia, vida y verdad.

Hombres justos bajad los pies de Jesús, pies que se desgastaron dejando a su paso alegría y bendición, son los pies descalzos que devolvieron dignidad a los pobres. En ellos queremos desclavar a los que anhelan la oportunidad de encontrar un trabajo para su sustento,  los pies de los que huyen del hambre o la barbarie de sus países (refugiados, inmigrantes, exiliados…). Los pies de los que tropiezan con las piedras que la sociedad materialista e insolidaria pone en el camino, como obstáculos insalvables que impiden el autentico desarrollo.
 
¡Hoy quitemos los clavos de los pies a Cristo para que siga acercándose a las gentes llevándoles esperanza y fe!

Hombres justos, bajad el cuerpo de Jesús y ponedlo en el sepulcro, pero no en el sepulcro de la muerte, sino en el sepulcro hecho puente para contemplar la vida, ponedlo en el sepulcro de nuestra humanidad que con viva ilusión desea contemplar la luz del resucitado.
 
¡Hoy quitemos los clavos que inmovilizan a Jesús y le impiden llegar a todos los corazones! Y prestémosle nuestros propios pies para dirigir los pasos de la sociedad por caminos de verdadera justicia y promoción de la dignidad humana!

Hermanos, que la piadosa escena del desenclavo de Cristo en que participamos, el descendimiento del cuerpo maltrecho de Jesús, nos ayude a descubrir aquellas actitudes personales o comunitarias  enclavan a Cristo impidiéndole bendecir y hacer el bien; que nos ayude a reparar en las palabras y actos que pueden enviar a Jesús al sepulcro o a la vida.

María Santísima, concédenos acompañar a Jesús en su muerte y caminar con él hacia la resurrección.

jueves, 28 de marzo de 2013

Por treinta dineros

Treinta dineros costó poner en marcha el drama más grande de la historia. Barato le sale al Poder eliminar la justicia, atropellar la razón, acabar con la inocencia, sacrificar la bondad... Treinta cochinos dineros por los que se vende lo más sagrado.
¡Asco da ver el dinero que todo lo ensucia y corrompe! Metaliza el corazón y lo endurece. Aturde la mente y la disloca. Enagarrota los dedos en un febril afán por agarrarlo... Enferma el alma y la hace sacrificar lo más santo. Por que poco vendemos la gracia.
Del diablo es la casa de moneda y timbre, que nunca se nos olvide.